domingo, 8 de agosto de 2010

¿Y luego?

Bueno, tuvimos que detener un poco el proyecto por causas de fuerza mayor. He andado como loco terminando eXtintum: Alfa, y ando dándole forma a eXtintum: eXpiare que va viento en popa. Ahora, enfocandonos en terminar.

¡Buenas semana a todos!

viernes, 16 de julio de 2010

Seguimos... Y Seguimos...

La Profecía sigue. Tuve un pequeño problema de "Copyright" y tuve que dejar de publicar los capítulos subsecuentes por temor al plagio. Sin embargo, estamos trabajando para publicarlo. En cuanto tenga lo necesario para acreditarlo como una obra intelectual mía, ya no habrá más temor. :D

¡Gracias por su comprensión!

Estaré trabajando en terminarlo para el 2011. Y mientras tanto, y como es mi costumbre, estaré mandando actualizaciones sobre como vamos por este medio.

¡Gracias!

martes, 29 de junio de 2010

¿Cómo vamos?

Hola,

Hasta la fecha llevamos cuatro capítulos publicados en este nuevo proyecto. El "Librog" de "La Profecia de las ideas" Me gustaría saber a la fecha que les ha parecido y que les gustaría que cambiariamos de la historia. El giro que dará en los próximos episodios será espectacular, así que mantenganse cerca. Para nosotros es muy importante saber sus puntos de vista, así que cualquier comentario es bien recibido.

Gracias a todos los que apoyan este proyecto.

D.P.

viernes, 25 de junio de 2010

CAPITULO IV. LA UNICA VERDAD.

"Soy el recuento de una vida miserable. Mi existencia se ha tornado en un mero y simple efecto fisiológico que mi cuerpo dicta. Todos los días, respiro. Todos los días mi mente clama por darle fin a todo, pero aun con esos deseos, mi corazón se niega a claudicar. ¿Que es lo que me detiene? Soy verdaderamente yo, ¿el dueño de mi destino? Acaso, tal y como lo hago, ¿alguien mas escribe en papel mi vida? ¿Somos marionetas de otros? Si toda la gente que ha muerto, que ha perdido la vida en mis palabras, hubiera sabido lo que les deparaba... Estarían angustiados. Esperarían con gran temor el día fatídico en el que mi mano comenzara a delinear sentencias de muerte hacia ellos.

¿Por que tengo esto? ¿Por que el dueño de mi destino no ha decidido darme fin? ¿Por que la triste espera? ¿Que me falta hacer? ¿Debo cumplir mi triste cuota de fatalidades para terminar? ¿Y después? ¿Estaré condenado al infierno? Pero, eso seria injusto. Yo nunca lo pedí. Este don es una maldición. No lo quiero, no lo quiero..."

Un grito interrumpió la meditación. - ¡Devon, con una fregada! Tus comensales están esperando ya en la mesa y quieren ordenar. Si quieres preservar tu empleo, te sugiero que muevas tu lento trasero y les tomes la orden. Es la última vez que lo digo.

Isaías despertó de su letargo. Se encontraba trabajando en un restaurante como mesero. La paga era miserable y el trabajo arduo, pero por lo menos, era suficiente para comer, para contar con un techo y algo de ropa. Sin decir más, Isaías se levanto de la silla en la que se encontraba en la cocina del restaurante. El lugar era grande, pero modesto. La cocina estaba bien organizada y más de sietes chefs se encontraban trabajando en ella. El vaho de los platillos calientes aumentaba la temperatura del lugar. Isaías sentía mucho calor. El mono de su traje de mesero lo hacia estrangular. Pero al mismo tiempo, deseaba que aquel mono pudiera darle fin, dejándolo lentamente sin aire. Poco a poco se encamino hacia el exterior para llegar a las mesas. Miraba los rostros de la gente. Despreocupados, nada abatidos. Desconocidos de su destino. Viviendo el presente. Disfrutando el momento. Como añoraba tener ese regalo. Vivir su presente, sin pensar en el futuro. Había vivido tanto tiempo pensando en el que ya no tenia tiempo para disfrutar el ahora. No cabe duda que sentía que su vida apestaba.

- Y una cosa más. Exclamo el gerente del restaurante. - Quiero que cuando tomes las comandas las hagas simples. No quiero tonterías como las que sueles escribir. Ni tampoco quiero que les preguntes a nuestros comensales sus nombres. ¿No ves que los asustas?

- Pero Señor, con ello puedo hacerles llegar más rápido sus platos. Replico Isaías.

El gerente lo miro como idiota. - No seas imbécil Devon. El escribir frases como "Al Señor Fulano le serviré rápido su consomé" no hará que eso se apresure. Compórtate como un ser humano y ya veremos el resto. ¿De acuerdo?

- Si Señor Gerente. Como usted diga.
En realidad, Isaías solía tomar ventaja de su "maldición" para "profetizar" la entrega pronta de los platillos de sus comensales. Eso le había generado buenas propinas y la lealtad de varios clientes que pedían ser atendidos por aquel mesero. Pero al mismo tiempo, había hecho brotar la envidia de sus otros compañeros quienes no podían comprender como alguien tan poca cosa podía ser tan convincente con los chefs. Lo mas extraño es que hasta ellos lo desconocían. En un abrir y cerrar de ojos, habían terminado los platillos incluso antes de que llegara la orden y por encima de muchas comandas mas.

Isaías salio como alma que lleva el diablo hasta sus mesas. Con su característica risa fingida ofreció disculpas. - Perdonen la tardanza. Estoy a sus órdenes.

Isaías miro a los comensales. Una gigantesca señora de aspecto cetaceo lo observaba de forma despectiva. Le acompañaba, un "ballenato" quien por sus proporciones y herencia genética, se podría asumir que era su hijo. Y un señor de aspecto amable, pero sumamente demacrado. El hombre parecía hacer las veces del padre. Era como si aquella mujer hubiera succionado la humanidad de su marido, pues estaba hasta los mismos huesos.

La mujer miro por largo tiempo a Isaías sin enunciar palabra. Sus pestañas postizas colgaban de los ojos sobrepintados de la mujer sin siquiera parpadear, tal vez ante el temor de caer por semejante peso. Se mantenían fijos. Estaba hilando ideas, seguramente. Pero, ¿que bueno podría salir de aquel ser? La cetacea mujer abrió la boca, mostrando la sequedad de sus labios pintarrajeados con un rojo carmesí que por el abuso, le había dejado grumos en los bordes de la boca que daban asco.

- ¿Sabe cuanto tiempo estamos esperando? Cuestiono con una voz chillona y molesta.

- Perdone Señora no volverá a suceder. Si me lo permite, me presentare. Mi nombre es Isaías Devon, y yo seré su mesero.

- Y a mí que me importa quien seas. No me interesa si te llamas Carlos, Pedro o Lourdes. Lo único que quiero es que tomes mi maldita orden y me traigas de comer. ¿Lo entiendes?

- Si Señora, de inmediato. Que le puedo servir.

La toma de la orden dilato por varios minutos. Era como si le estuvieran dictando a Isaías todos los platillos del menú. Isaías escribía lo más rápido que podía, mientras detallaba las especificaciones que aquella mujer le dictaba respecto a lo que le gustaba y le desagradaba. - " Sin lechuga, sin crema, sin tomate, sin pasas" Isaías pidió una pausa. Estaba exhausto.

- ¿Por que tardas tanto? ¿Que tanto escribes? Inquirió el hijo de aquel gigantesco mamífero. - ¿escribes toda una oración por platillo? ¡¡Mama!! Grito el crío. - ¡¡¡Ya tengo hambre!!!

- Ya mi querubín. Replico la mujer. - Mama ha terminado. La mujer miro al marido. - ¿Y tu que? ¿Vas a pedir algo o no?

El hombre volteo a ver a su esposa con gran temor. - Yo... Yo solo los veo querida. Sonrío con desgano.

- Bueno, luego no te quejes de que tienes hambre. Y bien, ¿que esperas para ir a traernos nuestros platillos?
Isaías había concluido la comanda. - Sus platillos se están preparando Señora. Solo será cuestión de ir por ellos.

La mujer se mostró incrédula ante semejante aseveración. - Espero que así sea, o de mi cuenta corre que será la última vez que sirvas en este lugar. Gritoneo la mujer.

Sus gritos y quejas dieron lugar a que los demás voltearan para ver lo que ocurría. Tanto los comensales como los otros meseros, quienes les daba gusto que su compañero se encontrara en semejante situación. Todos, excepto una linda chica que se encontraba al fondo, recogiendo platos de una mesa. Ella se torno preocupada por la situación.

Isaías dejo la mesa entre gritos e injurias profesadas por la mujer quien se sentía engañada por la aseveración de Isaías. - ¿Por quien me toma? Inquirió furiosa. - ¿Por una estúpida?

Isaías se dirigió con prisa hacia la cocina, donde lo que había dicho, se estaba cumpliendo. Por lo menos cuatro chefs trabajaban a marchas forzadas para terminar los platillos de su mesa con las especificaciones que la mujer había dado. El joven tomo su charola y uno a uno, fue tomando los platos para llevarlos a la mesa de la "mujer"

Solo pasaron algunos minutos. La "cetácea" madre y su repollo de varios kilos contemplaban incrédulos como el joven efectivamente colocaba los platos para su beneplácito.

- ¡No lo puedo creer! Volvió a gemir. - Como lo hiciste?

Isaías sonrío con autentico gusto. - Servicio al cliente mi Señora.

La mujer examino uno a uno los platillos para comprobar que habían sido elaborados de acuerdo su solicitud. Mientras se llevaba el escrutinio, el gerente se acerco.

- ¿Todo bien Señora? Inquirió el hombre.

Isaías se mantenía atento a cualquier comentario. La Señora seguía examinando los platillos. - No, todo esta perfecto. Permítame felicitar a su mesero. En verdad me ha dejado sorprendida. Cuando me dijo que los platillos se estaban preparando mientras me tomaba la orden no le creí, pero imagino que han de tener algún tipo de avanzado sistema para que se vayan elaborando los platillos mientras se ordenan.

El gerente comenzó a mostrarse presuntuoso. - Si, por supuesto. Nuestros meseros tienen forma de informar a nuestros chefs de lo que ordenan nuestros comensales en el instante mismo que lo piden.

- Pues permítame felicitarlos. Hare una recomendación en el periódico para el que trabajo.

- ¿Periódico? Inquirió el gerente.

- Si, soy critica culinaria. Trabajo para el "Heraldo de Praga"

El gerente tragaba saliva con dificultad. No podía creer lo que escuchaba. - Para el "Heraldo de Praga" pero si es el periódico de mayor circulación en la ciudad.

- Le agradezco mucho el cumplido. Exclamo nervioso.

La mujer quito la mirada del gerente en un afán de "agradecerle" su atención. - Isaías, ven por favor.

Isaías se acerco mucho mas sereno hacia la mujer que ya no veía tan "cetácea". - Toma, esto es para ti. Aunque la comida sigue siendo malísima, el servicio es extraordinario. Quiero darte una propina digna. Isaías acepto el dinero con autentica humildad.

- Muchas gracias Señora. Agradezco el cumplido. Replico.

La mujer asintió con la cabeza. Tanto el gerente como Isaías se retiraron de la mesa encaminándose a la cocina. Dentro de ella, los chefs miraban curiosos el desenlace de semejante crisis. Isaías fue el primero en entrar, mientras que el gerente se percataba de cerrar las puertas de la cocina detrás de si. Con ímpetu, el gerente se abalanzo sobre Isaías, azotándolo contra uno de los anaqueles, ante la sorpresa de todos.
- ahora si. ¿Me vas decir como diablos lo haces?

- ¿Hacer que?

- Como que, ¿que? Pedir los platos mientras tomas la orden. ¿Como lo haces? Tienes alguna especie de pacto con los chefs?

- No Señor, ninguno. Puede preguntarles.

Todos los chefs negaron con la cabeza. Uno de ellos injuriaba. - ¡Ni me cae bien! Grito.

- ¿Lo ve?

- Algún día sabre tu secreto Devon. Y cuando eso ocurra, ya no valdrás nada para este lugar y te podré correr. ¿Ha quedado claro?

- Si Señor.

El gerente soltó la solapa del chaleco de Isaías que había sujetado fuertemente durante el forcejeo. Sin decir mas, salio furioso de la cocina. Los meseros que estaban en la cocina miraban con odio a Isaías. Los chefs con miedo.

Isaías acomodo su chaleco de nueva cuenta. La solapa había quedado sumamente arrugada.

Alguien se aproximo a Isaías con un chaleco planchado. El joven miro a una linda chica. Era la misma hermosa joven que recogía los platos de la mesas. Una bella pelirroja de curiosas pequitas en las mejillas y ojos de un profundo verde esmeralda.

- Toma Isaías. Es para ti. Dijo totalmente roja la chica. Quien fácilmente podía camuflajearse con cualquier bulto de tomates.

- Gracias Jime. Exclamo Isaías.

- No les hagas caso. Solo te tienen envidia. Si, mucha envidia. Si.

La chica parecía repetir una y otra vez su parlamento. Sin lugar a dudas no era muy brillante.

- Gracias Jime. Créeme que los ignoro. Solo me tienen envidia. Y aun más si una chica tan linda como tú viene en mi auxilio.

Jimena volvió a sonrojarse aun más. Parecía que rojo de su rostro no tenia limite. Su linda sonrisa lo contrastaba divinamente.

- Tú eres bueno Isaías. Eres una buena persona.

- Gracias Jime. Tú también lo eres. Eres un maravilloso ser humano. Y gracias por el chaleco.

- De nada Isaías. ¿Y sabes? Espero que ganes mucho dinero. Para que les de aun mas envidia a todos.

- Jajaja. Cuando eso ocurra, te prometo que te invitare a cenar.

Los ojos de la chica se iluminaron. Era como si le hubieran dicho que su vida estaba por cambiar.

- ¿En serio Isaías? ¿Harías eso por mí?

- Claro Jime, en realidad no me cuesta nada hacerlo por una amiga.

Sus ojitos verdes se envidriaron. - Oh, si. Tú amiga. ¡Ja! Esa soy yo, ¿verdad?

- Si claro. Eres mi amiga. Bueno, tengo que regresar a trabajar para juntar el dinero de la cena. Nos vemos luego.

- oh, si. Claro, ve. Tienes que trabajar.

Isaías salio de la cocina con nuevos brios. Pensó que tal vez su don no era tan malo. Que incluso, podría sacarle cierta ventaja para ayudar a los demás. Se sentía mejor. Aun más, después de haber salido de aquel sanatorio mental. Ya no quiera pensar en el pasado. Ansiaba por hacer algo diferente. Cambiar realmente su vida.

Esa noche, después de la fastuosa felicitación del dueño del lugar por su gran desempeño, Isaías salio rumbo a su casa. Esa noche, cinco de sus compañeros lo esperaban a unas cuantas cuadras de la zona de apartamentos. Entre todos, le dieron la mas espantosa paliza que el pudo imaginar.

viernes, 4 de junio de 2010

CAPITULO III. Crónica de una fuga anunciada

Sanatorio Mental Santa Lucia.

Un hombre de estatura media y profundas gafas leía el expediente. Sentados, en un cuarto semi iluminado con una pequeña rendija que hacia las veces de ventana. La mesa era metálica, así como las sillas. Todas ellas empotradas al suelo, sin posibilidad de moverlas. Isaías estaba sentado frente aquel mediano hombre que ocultaba su faz detrás de algunos papeles que, según el, contaban la historia de la vida psicológica de los hombres. En este caso, de Isaías Devon.

Un simple y poco grato saludo fue la antesala para que los dos se mantuvieran en silencio por minutos.

- Y... Cuéntame Isaías... Dijo el medico. - ¿Como nos sentimos hoy?

Isaías no pronuncio palabra.

- Seguramente son los sedantes. Comento en voz alta.

- Doc. Dijo Isaías en tono despectivo y breve.

- Si, dime Isaías. Respondió el medico con aire corporativo y profesional.  

- ¿Podría prestarme un lápiz y una hoja de papel? Me tranquiliza mucho dibujar mientras converso con la gente.

El medico se mostró ligeramente interesado en la petición de aquel hombre. -mmm..., no veo inconveniente. Dicho esto, el medico comenzó escribir sobre las hojas que le estaban sirviendo de barrera.

- ¿Puedo preguntarle que hace? Inquirió Isaías.

- OH, si claro Isaías, puedes preguntar. Estamos aquí para ayudarte. Exclamo medico luciendo una cínica y artificial sonrisa. - Estoy llenando tu expediente. Debo registrar todo.

- ¿Todo? Pregunto.

- Si, todo. Así puedo ayudarte mejor. Volvió a sonreír como comercial de dentrífico.

- Y... ¿Ya sabe que tengo? ¿Que le dicen sus hojas?

- Mi apreciable Isaías. Conjuro con estupidez. - Esto es solo para llevar un registro detallado de tu comportamiento. Con esto, haremos un análisis exhaustivo de tu padecimiento, y así, podremos saber que tienes, y con ello tratarte adecuadamente. Comento en tono mercadológico.

- No se si mi seguro cubra tanto análisis Doctor.

El medico se torno algo consternado. Sin decir nada, miro de nuevo el expediente. Y, dando giro al lápiz, comenzó a borrar. - Tienen razón, mejor platícame como te sientes.

- ¿Me va a dar mi lápiz y mi hoja, por favor?

- OH, si seguro. Aunque eso vamos a tener que cobrártelo en la cuenta del hospital. ¿Tienes alguna objeción?

- No, ninguna. Yo la pago.

- Bien, aquí tienes. Volvió a sonreír, pero un tanto menos. Parecía que el seguro también había supreso la amabilidad.

El medico tendió a Isaías la hoja y el lápiz. - Aquí tienes, tenemos media hora.

- ¿No era una hora? Inquirió Isaías.

- Eh, OH es que recordé que tengo una cita muy importante. Replico el medico.

- OK, cual es su nombre Doc?

- Mi nombre. OH si, Soy el Doctor Waltz, Matthew Waltz.

- Gracias.

Dicho esto Isaías comenzó a escribir. El medico se mostró interesado en la labor del hombre.

- ¿Que haces Isaías? ¿Te gusta dibujar?

- En realidad, escribo. No suelo dibujar mucho Doc. Soy muy malo para eso, ¿sabe?

- muy bien. ¿Y que escribes?

- Una historia.

- ¿Y de que trata?

- Es acerca de un hombre que esta cansado de estar en el mismo lugar. Así que planea su escape.

- ¿Y como lo planea?

- Bueno, aprovechando que su medico desconoce por completo el don que tiene. Le pide una hoja de papel y un lápiz.

- y luego...

- Resulta que el cautivo tiene el don de que se cumpla todo lo que el escribe. Así que redacta unas cuantas líneas.

- ¿Como cuales?

- Pues mire, la primera dice. "El doctor Matthew Waltz se vuelve un completo imbécil" lo cual ya esta ocurriendo. ¿Como se siente hoy?

- Bastante bien Isaías. Muchas gracias por preguntar.

- Me da gusto Doc.

- Pues, yo te encuentro muy sano Isaías. Desconozco la razón por la que te tienen recluido aquí.

- Eso contesta mi incógnita a la siguiente sentencia, Doc. Que dice " El Dr. Matthew Waltz se percata de que Isaías esta sano"

Isaías sonreía mientras veía aquel hombre comenzar a llenar lo que parecía ser un reporte. Al final, el medico lo firmo sin titubeos.

- Aquí tienes Isaías. Respondió el medico. - Entrega este papel para que gestionen tu alta de inmediato.

Isaías agradeció el gesto. El medico se puso en pie y le abrió la puerta. - Pasa y que disfrutes tu vida.

Isaías pasó por el cuarto hasta el pabellón del nosocomio. Entrego la hoja a uno de los guardias, quien después de leerlo, lo dejo pasar. Dicho esto, leyó en voz alta la última frase de la hoja de papel.

- "El doctor Matthew Waltz deja salir a Isaías exonerado"

La tenue luz de la puerta trasera del hospital aguardaba impaciente ese prófugo que había estado añorando el momento de salir.

martes, 18 de mayo de 2010

CAPITULO II. ISAIAS DEVON

El ruido de la estática del televisor perturbaba a los vecinos, quienes gritaban injurias por no poder dormir. Uno de los principales precursores de semejante concierto de memorias maternas era el vecino del piso de arriba. Sabedor de una reputación nada envidiable, era el ser mas despreciable en toda aquella unidad habitacional de mala muerte. Aquel hombre, había finalmente conseguido un empleo de remachador en una obra cercana y tenia que presentarse temprano para comenzar su jornada.

- Calla tu televisor Devon!!! Gritaba a quemarropa. - Hay gente aquí que quiere dormir.

El gigantesco toro de casi dos metros y un par de cientos de kilogramos hizo la maestría de levantarse disparado de su cama en dirección a la puerta que daba al pasillo. El calor extenuante de aquel verano lo hacia sudar como un cerdo a punto de ser llevado al matadero. Abrió la puerta, mientras se llevaba una de sus manos para secar las partículas de agua que su cuerpo exhalaba de su piel. Un asqueroso jugo humano de toxinas, producto de las grasas animales que aquel hombre había consumido durante el día. El hedor era indescriptible.

Salio de su apartamento a toda velocidad hacia las escaleras. No estaba dispuesto a invertir sus pocas neuronas en un pobre diablo como lo consideraba. Llego hasta su puerta y comenzó a golpearla deliberadamente y sin control. - ¡¡¡Isaías!!! ¡¡¡Calla ese maldito televisor de una vez por todas!!! ¡¡¡O te juro que tirare la puerta!!!

No hubo respuesta. Aun continuaba la estática ensordecedora de la televisión en el volumen más alto. - ¡¡¡Isaías!!!

Sin una sola sinapsis neuronal en su cerebro, debido a un posible sobreesfuerzo y colapso mental, el hombre comenzó a patear fuertemente la puerta. Poco a poco el marco de la entrada se vencía debido a los tremendos golpes que aquel gorila le propinaba. En pocos minutos, la madera de la puerta se había astillado, dejando la cerradura de metal aun sujeta al marco, pero abierta. El Goliat de casi dos metros ingreso al apartamento de aquel hombre con un solo propósito. Darle una lección de la que nunca se olvidaría.

Al entrar, su primer instinto fue el de correr al televisor para apagarlo. Ya iba hacia allá cuando algo en el piso le hizo resbalar, cayendo de espaldas sobre la duela del descanso y rompiendo los tablones sobre lo que reposo su abominable humanidad. - ¡¡¡Maldita sea!!! Grito exhalando un grito de dolor. Antes de incorporarse, examino el líquido de color rojo que lo había hecho caer. Era algo espeso y escurría debido a la inclinación del apartamento. El gigantón identifico de inmediato el liquido, pues no se requería de mucho IQ para percatarse de lo que era.   - ¡¡Sangre!! Delibero en lo que podría ser su primer monologo.

Corrió hacia el interior del apartamento siguiendo los rastros de sangre hasta lo que era, al parecer, la recamara. Ahí era donde estaba el más grande charco de sangre.

El inmenso hombre miro la escena. Había en un rincón de la habitación una triste figura demacrada y delgada. Su mirada era de angustia y desesperación. Sujetaba fuertemente su muñeca izquierda, la cual continuaba escurriendo el líquido carmesí.

- ¡¡¡Ayúdame!!! Imploraba aquel hombre.

El gigantón se agacho para escuchar mejor la plegaria de aquel pobre diablo.

- ¿Que ocurre Isaías? ¿Que paso? Exclamo.

El hombre señaló otro televisor que estaba encendido en la recamara. Un presentador relataba una horrible nota. Una fuerte colisión entre dos trenes que habían descarrilado y matado a varios cientos.

El gran ser volteo a ver a Isaías. - ¿Iba tu familia en alguno de esos trenes? ¡¡¡Contesta!!!

El inmenso coraje se había convertido en una bizarra compasión y lastima. Isaías comenzó a llorar desconsoladamente. El hombre seguía atónito ante la escena. No sabia que más hacer. Miro al televisor para observar el resto de la nota. El anunciador seguía relatando los hechos.

"En un acto sin precedentes, dos trenes colisionaron a las afueras de Praga. Aun se desconocen las causas del siniestro. La policía y equipo de rescate continúan revisando el lugar, en busca de sobrevivientes. Sin que al momento se tenga suerte. Peritajes previos han revelado que una aparente falla en el sistema de vías fue lo que provoco que los trenes se encontraran uno al otro. Lo que mas extraña es la velocidad del impacto ya que las investigaciones muestran que ninguno de los trenes se había percatado de la presencia del otro, sino hasta unos cuantos metros de distancia. Esto preocupa, ya que en accidentes documentados, los trenes suelen frenar con suma anticipación para evitar el impacto. Las condiciones meteorológicas revelan que en el momento del siniestro, no hay evidencia de niebla o lluvia que hubiera podido menguar la visibilidad"

El gigante se incorporo para apagar el televisor. - Ya no veas esto. Te vas a deprimir más. ¿Dime, había algún familiar tuyo en el tren?

Isaías permanecía en lamentaciones. No parecía reaccionar ante los cuestionamientos. El inmenso hombre se dirigió a apagar el televisor. Isaías intempestivamente salto sobre el brazo del gigante para tratar de detenerlo. - Pero, ¿que diablos te pasa? Tus malditos televisores están haciendo un tremendo escándalo y queremos dormir.

- ¡¡¡Mátame!!! Grito Isaías.

El hombre quedo atónito con la petición.

- ¡¡¡Yo los mate!!! ¡¡Fui yo quien provoco ese accidente!!

El gigante de carne y hueso arremetió un tremendo golpe sobre la humanidad de Isaías. - ¡¡¡Maldito bastardo!!! ¡¡¡Terrorista!!!

En un fácil esfuerzo, tomo a Isaías, elevándolo por los aires. - Dime, ¿¿¿para que grupo terrorista trabajas??? Eh???

Isaías sangraba copiosamente por la boca. - Para... Nadie...

El hombre arrojo a Isaías hacia el muro adyacente de la habitación, golpeándose fuertemente la cabeza.

- ¡¡¡Dímelo desgraciado!!! ¡¡¡Ahora mismo llamare a la Policía!!!

Isaías trataba de ponerse en pie. - Yo... No... Para... Terrorist...

El gigante tomo el teléfono para marcar a la policía. - Díselo tú a los oficiales.

- Yo... Lo... Vi... Yo.. Lo... Escribi... Tartamudeo.

El gigantón detuvo la llamada. Coloco el teléfono nuevamente en su base. - Tu lo viste?

- Trate... De... Detenerlo... Pero... No pude.

Isaías señaló ahora hacia el techo. El gran hombre contuvo el habla por la excitación. Todo el techo estaba escrito con extrañas inscripciones. Parecían secuencias de números junto con letras sin sentido.  Había usado su propia sangre para escribirlo. Otros códigos más, parecían haber sido borrados.

- Estas enfermo. Tú necesitas otro tipo de ayuda. Exclamo el gigantón.

El hombre no se inmuto. Llamo de inmediato a la clínica más cercana para que Isaías fuera atendido.

viernes, 30 de abril de 2010

CAPITULO I. SUSU.

La historia de la escritura es casi tan antigua como la historia de la humanidad. Desde tiempos remotos, el hombre ha buscado comunicarse con sus semejantes a través de un código. Primero, con dibujos que expresaban ideas. Después con curiosos caracteres que representaban entonaciones y ruidos de la boca con la lengua y con los dientes, llamadas letras.

Pero la humanidad, no estaba dispuesta a dejarlo todo ahí. Con la evolución, el hombre se dio cuenta de que la palabra podía volverse una poderosa arma. Incluso más que la espada. Con la escritura, era posible dominar a los suyos, condenarlos, amarlos, someterlos o incluso matarlos. Ese era su poder. Aquel que dominaría el don de las palabras, dominaría al mundo. Pero, ¿quién le dio al hombre semejante Don? ¿Quién fue capaz de poner en sus manos algo tan virtuoso, pero a la vez tan trágico?

Aun recuerdo mis anos en el jardín de niños. Cuando mi maestra me enseñaba las vocales. Luego las consonantes y después, las palabras como "Papa", "Mama", "Casa" En pocos anos, había sido capaz de articular mis primeras frases. Y muchas otras, copias de textos. Mis Padres parecían muy complacidos con mis logros pedagógicos.

Mi infancia transcurrió, imagino, como la de cualquier otro niño normal. Mi Madre, hermosa como la recuerdo, me llevaba caminando hasta la escuela y me despedía con un tierno beso. Pasaba ahí la mayor parte del tiempo con mis compañeros. Al final de la jornada, mi Madre pasaba por mí para llevarme a casa. No vivíamos lejos de la escuela. Recuerdo con mucho cariño aquel recibimiento. La sopa caliente en aquella sencilla mesa de madera. Un rico guisado de carne y vegetales, que era su especialidad.

Al término de tan delicioso festín, era la hora de hacer los deberes. Yo como siempre comencé con las peculiares oraciones adaptadas de mi edad. Mi gata, una siamesa a la que habíamos adoptado recientemente, solía treparse a la mesa para juguetear con el curioso movimiento de mi lápiz al escribir. Con el fin de reafirmar mi gnosis, mis Padres decidieron bautizar a la gata como Susu. En alusión a mis particulares libros de ortografía y escritura.

Mire al gato con interés. El felino estaba preparado para atestar un zarpazo contra mi lápiz al menor movimiento. Leí con atención y en voz alta la oración en mi libro. "Susu toma leche"

Con suma concentración, comencé la transcripción. Recordaba a mi maestra con sus indicaciones respecto a como hacer mis letras. "Redondas, con pancita" "el palito derechito y con el cuadrito" Así fue que me emprendí a la tarea de la mentada oración, mientras mi gata continuaba poniendo su interés en mi lápiz. La pata derecha dio un certero zarpazo sobre mi lápiz, haciendo un rayón nada "derechito" y obligándome a suspender la escritura. "Susu!!! ¡¡¡Déjame!!!" Refunfuñé. Con ira de niño fui hasta donde estaba mi mama. "Mama, Susu no me deja hacer mi tarea" reclame con ingenuidad. 

Mi Madre miro de reojo por la puerta de la cocina. "Susu!!!" Grito. "Gata, bájate de la mesa. ¡¡¡Anda!!!" Era como si el tierno animal hubiera comprendido perfectamente lo que mi madre le decía. De ipso facto dio un inmenso salto hacia el piso. Sin decir más, volví a mis deberes escolares. Nuevamente aquella transcripción me esperaba.

Regrese aquella mesa del comedor dispuesto a concluir mi tarea. Nuevamente, mi lápiz emprendió la empresa de ser guiado por mi mano para terminar con su misión. La oración había quedado terminada. "Susu toma leche" mire a mi alrededor con la esperanza de que alguien pudiera vitorear mi éxito. Mi madre seguía en la cocina. Decidí entonces expresarle a la gata el agradecimiento por su paciencia y esperanzado en que no estuviera molesta por haber sido denunciada. Mire hacia todos lados, pero la gata no estaba. "Susu?" Pregunte al aire "Susu? ¿Dónde estas?" Volví a preguntar. Mi madre, atenta a mis actividades no dudo en regresar la pregunta con otra "¿qué pasa Isaías?" Cuestiono tiernamente. "Mamá, no encuentro a Susu. ¿Sabes donde esta?" Mi madre dio un vistazo de 360 grados alrededor de la cocina. "No esta aquí. A lo mejor esta en la despensa. Ya sabes cuanto le gusta estar ahí"

La búsqueda fue interrumpida por un súbito cristalazo. Yo pegue un grito y di un pequeño salto, mientras que mi madre corrió hacia la despensa. Cuando llegamos, ya era tarde. Ahí estaba, inerte y muerta. Yo corrí para auxiliarla, pero no se movía. "¡¡¡Mama!!! Que le pasa a Susu?

Un frasco de leche se había hecho trizas en el piso de cerámica y los cristales se habían incrustado mortalmente en el cuerpo de la gatita. No pude contenerme, mis lagrimas salieron incontrolables, y sin
control. Llore amargamente.

Mi Madre recogió el cuerpo sin vida de Susu y lo metió en una vieja caja de zapatos. La cerró con ternura y fue el trapeador para limpiar la mezcla de leche carmesí que se había combinado con la sangre del animalito. Mi Madre limpiaba, en silencio. Como si se tratara de un cortejo fúnebre, con la mayor honorabilidad.

"Isa" dijo mi madre. "¿Por qué no preparas tus cosas para bañarte?" Yo asentí. "Si Mama" y me encamine a la planta alta para atender su petición. No entendía nada de lo que ocurría. Fui a bañarme y me puse el pijama. Al poco tiempo, Papa llego.

"¡¡¡Hola familia!!!" Exclamo con  su característica y particular alegría que identificaba a mi Padre. Yo estaba al pie de la escalera, escuchando atentamente.

"¿Qué pasa? ¿Qué ocurrió?" Pregunto. Mi madre se notaba consternada. "Hay Pedro. Paso algo horrible. La Susu, se murió"

"¿Cómo, qué paso?" Cuestiono mi Padre. "Pues, me da la impresión de que trato de tirar uno de las botellas de leche de la despensa. Y pues, le cayo encima..."

"Oh, que triste. Pobre animalita. ¿Cómo esta Isaías?"

"Yo creo que bien. Pero vio todo. A la gatita muerta, desangrándose. Algo muy feo"

"Que mal. Pero, nuestro hijo tiene que entender que la muerte es algo normal. Algo que forma parte de la vida"

"Si, claro. Pero no así Pedro. Una cosa es que un animalito muera y otra muy diferente es verlo morir de esa forma"

"Fue lamentable mujer. Pero era una gatita muy tranquila y obediente. No entiendo como pudo pasarle algo así" inquirió el Padre.

"Pues, me da la impresión de que quiso tomar leche y pues le cayo el frasco encima" replico mi mama.

Cuando mi madre termino de hablar, pude razonar algo de lo que había dicho. "Quiso tomar leche" lo primero que me vino a la mente fue la oración que escribí aquella tarde en mi cuaderno. ¿Habrá tenido algo que ver? ¿Había sido yo el responsable de su muerte? Esas ideas eran demasiado para un chico de mi edad. Me sentía miserable, triste.

Ya era media noche y mis Padres se habían retirado a su habitación. Todo permanecía en completa calma. Algo en mi interior me dictaba hacer algo. Como si careciera de mi voluntad, fui arrastrado fuera de mi cama. En la total obscuridad, salí cautelosamente de mi cuarto. Me sentía ansioso, y sudoroso. Todo mi cuerpo temblaba. Era como si algo dictara mis movimientos, mis acciones. Llegue hasta el comedor y saque mi estuche de color rojo y mi cuaderno. Me senté abruptamente, haciendo rechinar la silla contra el piso. Seguramente, eso había alertado a mis Padres.

Mis manos temblaban. Tomando con la izquierda el lápiz comencé a escribir nerviosamente en el cuaderno. No tenía idea alguna de que pudiera escribir con esa mano, pues era diestro. ¿Qué me estaba pasando? Estaba asustado. Tal como si me lo dictaran, comencé a trazar letras. Estas eran diferentes, no eran "palitos ni pancitas" la letra era cursiva, bien delineada y elegante. Los contornos eran extraños, y algo tétricos. Finalmente, termine la oración. Los temblores cesaron, así como el nerviosismo. Estaba en calma. Aquello que me había obligado a bajar, y escribir, parecía haberse ido. Mi Padre bajo presuroso para ver lo que estaba ocurriendo. Me encontró sentado y con mi cuaderno abierto.

"¿Isaías, qué haces despierto tan tarde hijo?" Inquirió mi Padre.

"Baje a escribir Papa."

"¿Acaso no habías terminado tu tarea?"

"Si, pero sentí que debía hacerlo" respondí. "¿Estuvo mal?"

"No, solo que es poco usual" "¿tuviste alguna pesadilla? Fue acaso por Susu? Mama me dijo que viste como se lastimo"

"Si, fue algo muy triste y me siento muy mal

Porque fue mi culpa" le conteste a mi Padre.

"Isa, lo que le paso a Susu no fue tu culpa. Fue un accidente, solo eso"

Cuando escuche a mi Padre aquella noche, sus palabras se quedaron profundamente clavadas en mi memoria. Realmente desee que tuviera razón. Pero, ahora, se que estaba equivocado.

"Hijo, si quieres llorar, hazlo. Es natural cuando perdemos a alguien que amamos"

"Papa, es que no entiendes. Susu murió porque quería leche"

Mi Padre me miro de forma incrédula. "Si hijo, a los gatos les gusta la leche. Fue cuando el frasco le cayo encima y murió"

"Pero yo escribí en mi tarea que Susu toma leche. Y por mi culpa, quiso"

Se veía que mi Padre había caído en cuenta de mi predicamento y buscaba las palabras adecuadas para explicarme que yo no tenía nada que ver. Sin decir mas, tomo mi cuaderno y hojeándolo encontró la frase en cuestión. Enunciándola en voz alta dijo "Susu toma leche"

"¿Lo ves? ¿Yo dije que Susu fuera a tomar leche?"

Mi Padre me miro con ternura y compasión. "Isa, ni la gente, ni los animales pueden obedecer o hacernos caso, con solo escribirlo. Eso es imposible"

Un extraño ruido irrumpió en la conversación que mi Padre y yo teníamos. Era como si la puerta de la cocina fuera rasgada. Mi Padre se acerco con precaución hasta la puerta. Se asomo por la ventana de la misma. Ante una incomoda sorpresa, dio marcha atrás.

"¿Qué pasa Papa?" Pregunte.

La pequeña puertita abatible que teníamos puesta para que el gato entrara a la casa había vuelto a rechinar. Una criatura envuelta en tierra y lodo estaba acicalándose en el piso. Quitándose los excesos de polvo que tenia en todo el cuerpo.

"Susu?" Cuestione con incredulidad. La gata me devolvió la mirada junto con un ronroneo y un tierno maullido. Mi Padre seguía atónito. "Pero, tu mama lo enterró en el patio" "¿Cómo es posible que?"

Yo tome mi cuaderno y se lo aproxime a mi Padre. "Papa, hace un momento, mi mano izquierda escribió esto. ¿Qué quiere decir?"

Mi Padre, quien ya daba signos de pánico, tomo con temor el cuaderno. Súbitamente lo cerró.

"¿Qué dice Papa?" "¿Qué dice?" "Dice algo de Susu, ¿verdad?"

Mi Padre no enunciaba palabra. Seguía impactado por la impresión. Después de una pausa que me había parecido eterna, se atrevió a revelar lo que había escrito. "Dice... Susu Vive"

Esa noche marco mi vida para siempre...

lunes, 19 de abril de 2010

Evoluciona...o Muere...

Hola,

La profecia de las ideas está por evolucionar. Los Blogs son cosas del pasado. Ahora, pasaremos al Librog. ¿Qué es eso? ¿Es un libro? ¿Es un blog? Se trata de una nueva experiencia. Algo que podrás vivir día con día. Y La profecia de las ideas será la antesala a este nuevo proyecto. Una vez concluido, dejaremos de postear para dejar todo el concepto en este lugar. Nos migraremos a nuestro Blog hermano: http://darkpollo.blogspot.com. Será nuestro "centro de operaciones" desde el cuál estaremos creando más "Librogs"

Gracias por su confianza y su apoyo durante todos estos años a la manuntención de este proyecto, que sale de la inspiración de un joven escritor Ruso de nombre:

Dmitry Glukhovsky

Que su sueño de Metro 2033 sea el mio en este lugar.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Sólo un día...

La puerta de la entrada principal retumbaba fuertemente. Los constantes gemidos de la madera claudicando por los embates graduales y pausados de unos puños furiosos fueron el grito de guerra de un furioso hombre que deseaba descansar unos momentos en la comodidad de sus aposentos. A la exclamación de un "¡Ya voy!" fue que aquel individuo replico al llamado.

Giro la perilla de la puerta para encontrarse frente a frente con quien el emisor de tan sórdida sinfonía en pino laminado.

- Buenos días - Exclamó el individuo esperando una inmediata interlocución.

- buenas - replico el afectado.

- ¿ Es usted el Sr. Perez? - Inquirió con aire y tono de interés. - ¿Perez Sánchez? - Concluyó con el recuerdo de su santa madre.

- Si, soy yo - Contestó el individuo que había sido perturbardo de su letargo. - ¿Qué necesita? -

El visitante era un curioso sujeto de baja estatura, complexión robusta y cara redonda. De simpática mirada y afable contemplación. No era desagradable a la vista. Vestía un curioso traje de terciopelo verde, camisa blanca a cuadros y una corbata alusiva a un carnaval.

- Oh, qué bueno que lo encuentro. Vengo a informarle a que sólo le queda un día...

El hombre miró con curiosidad al individuo. - ¿Un día para qué?

- Pués, como que para qué... Para vivir Sr. Peréz Sánchez. usted muere el día de mañana. Replicó sonriendo el hombre bajito.

El nominado "Pérez Sánchez" monto en risa y carcajada a grito pelado. - ¿Está usted insinuando que vino a tocar a mi puerta de esa manera, perturbando mi sueño, para decirme que me voy a morir mañana?

- di... Disculpe. No quise despertarlo. Si le parece bien, vuelvo más tarde para darle los detalles. Contestó. - pero consideré importante venir a decirsélo.

- ¿Y cómo diablos sabe que me voy a morir mañana? Cuestionó cinicamente.

- Bueno, Señor Perez Sánchez, lo que ocurre es que a eso me dedico.

- ¿A llevarle desgracias a la gente?

- No, a invitarlos a vivir más intensamente. Ahora que sabe que mañana va a morir, ¿Cómo ve la vida?

- En realidad, nunca me había puesto a pensar en que iba a morir mañana. Tengo demasiadas preocupaciones como para pensar en eso.

- Bueno Señor Peréz Sánchez. Mucho me temo que debo dejarlo. Tengo aún muchos otros clientes que visitar. Muchas suerte en su último día de vida.

Sin decir más, el simpatico hombre se retiro por el pasillo. Pérez Sánchez quien respondia al nombre de Carlos cerró lentamente la puerta, pasando por su mente todo el proceso tanotológico. - No, es una triste broma. ¿Cómo diablos me voy a morir mañana? No estoy enfermo, no me siento mal. Es sólo producto de la imaginación de ese "chaparrito"

Una hora después...

- ¿Y si es verdad? Si me muero mañana. ¡Maldito "chaparro" Le debí de haber pedido su teléfono para mentársela al mugroso infeliz.

Treinta minutos después...

- ¿Dios? ¿Estás ahí? Soy yo... "Charlie" el que una vez se robó la limosna... No me castigues, sólo quiero saber si me muero mañana. ¿Tu me lo puedes decir?

Una hora después...

- Ya todo está dicho. Moriré sin pena ni gloria. Ni quien se acuerde de mi... Seré una página borrada en los anales de la historia. Un triste recuerdo escrito en hielo en pleno verano. Uno más del montón...

Otra hora más...

- ¡Hola Papá! Soy Carlos, tu hijo. Quería pedirte perdón por todo lo que te dije hace siete años. En verdad, que no quería hacerlo. Dile a Mamá que estoy bien y que si pudiera, iría a verlos ahora mismo. Sin embargo no puedo. Sólo llamaba para decirte que lo siento.

dos horas después...

- Hola Sandra, creo que no estás, o a lo mejor no quieres contestarme. Cualquiera que sea tu razón, siempre la tuviste. Hablaba para pedirte perdón. Siento mucho que lo nuestro no funcionara, y reconozco que fue por mi culpa. Espero puedas perdonarme algún día y seas muy feliz.

Ya la noche había caído. Carlos pidió comida china, su favorita. Hacía muchos años que no lo hacía. Cada hora, cada minuto, cada segundo buscaba algo valioso, nuevo por hacer. - Si este hombre me hubiera encontrado antes, no me hubiera perdido de esto. Hubiera salido a las calles a hacer mucho más. - Pensó.

Finalmente, dio la media noche. Carlos se sintió agotado. Su carga emocional había sido total y deseaba darse el tiempo para dormir. Aquel hombre se despidió del mundo, apagó la luz y cerró los ojos.

A la mañana siguiente, un fuerte golpeteo volvió a interumpir el sueño de Carlos. El hombre despertó subitamente tocandose el cuerpo y el rostro, para darse cuenta de que seguía vivo. Un halo de felicidad habitaba el cuerpo del hombre. No le importaba haber sido despertado, era una nueva oportunidad que la vida le había dado. - Mugroso Chaparro, me dio el susto de mi vida. pero yo de estúpido que me la creí - pensó.

Carlos se levantó para ir a la puerta nuevamente. La abrió y para su sorpresa, se topó con el simpatico hombre que justo el día de ayer, le había dado a conocer su suerte.

- ¡Hola! ¿Es usted el Sr. Pérez? ¿Peréz Sánchez?

- No me diga. ¿Me voy a morir mañana? Interrumpió cuestionando Carlos.

El simpático hombre se llevó las manos a la boca. - Ahhhhh. ¡Profeta! ¿Cómo lo sabe? Exclamo con temor el hombre.

- Justo ayer, tocó a mi puerta y me dijo eso. Contestó.

- Ah si. ¿ Y que hizo al respecto? Cuestionó el hombre bajito.

- Muchas cosas, efectivamente viví mi día como si fuera el último.

El hombre bajito sonrío. - Entonces, creo que no le molestará que se lo vuelva a decir.

- ¿Qué cosa?

- Que usted muere mañana. porque entonces volverá a vivir hoy como nunca.

Carlos comprendió las sabias palabras de aquel hombre. - Ya no será necesario. Creo que lo he entendido. Replico.

Aquel hombre bajito sonrió. - Iré a recordarle a otros, que ya olvidaron esa posibilidad. fue un placer haber platicado con usted. Sin decir más, el hombre se retiro por el pasillo.

" Que dicha es que vivamos sin que tengan que recordarnos de que mañana puede ser nuestro último día... Y que podamos vivirlo como si lo fuera"

jueves, 24 de diciembre de 2009

Las Tres Joyas...

¿Cuál es el valor que alguien puede darle a algo? Es acaso ese valor, proporcional al verdadero costo de algo? Esta historia pretende mirar dentro de lo que vale el alma y el amor… ¿Costarán acaso?

Hace mucho tiempo, en un pequeño pueblo minero, un poderoso comerciante arribó. Su intención era la de conseguir la más hermosa joya que nunca antes ser humano huiera admirado jamás.

Preguntando, los aldeanos hicieron mención del mejor joyero del pueblo. Aquel hombre era capaz de hacer de piedras preciosas, maravillosas expresiones de arte geologicas. Rubíes, Topacios, Diamantes, todos con impurezas y en deterioro, habían sido convertidos en dijes, gragantillas, o hermosos collares jamás vistos antes.

Aquel comerciante quedó impresionado, maravillado ante tal noticia. Estaba decidido a comprarle toda la tienda y doblarle el precio cuando llegará a la ciudad más próxima. Sería millonario, mucho más rico de lo que el hombre podía imaginar.

Después de mucho buscar y preguntar llegó hasta la pequeña casa del joyero. La apariencia de la casa distaba mucho de ser la de un hombre adinerado. Un pequeño y sencillo portón de madera en conjunto con una barda de tablas de madera labrados, delimitaba el pequeño jardín que rodeaba la casa de madera. El techo de paja, daba un lindo toque rústico a la casita.

Sin pensarlo mucho, el comerciante atravezó el portón y toco a la puerta. No pasó mucho tiempo para que un gracioso viejecillo abriera la puerta. Podía ser verdad que este hombrecillo fuera capaz de semejante obras de arte? Sin pensarlo mucho, el comerciante se presentó. Estaba dispuesto a ver tan maravillosas obras y pagar lo que fuera necesario.

El viejecillo sólo le limitaba a mirar. Después de escuchar hablar al comerciante, lo invito a un cuarto de la casa. Mientras caminaban a aquel lugar, el comerciante no podía entender como alguien tan exquisito en su arte manual, viviera tan sencillo.

Llegaron al lugar y de un pequeño bureau, el hombre extrajo una cajita de madera maltrecha.

-“Estos han sido mis últimso trabajos…” . Exclamó el viejecillo.

El comerciante estaba confundido.

-“No entiendo? ¿Dónde está todo su trabajo?”. Preguntó el comerciante.

El viejecillo sólo sonrió, al mismo tiempo que abría la pequeña caja. En ella se encontraban 3 joyas. Eran preciosas!!! Perfectas, finas y sumamente delicadas. Su tamaño era impresionante. Una era de color rojo. La otra de color verde y la de enmedio, y por cierto la más hermosa de todas, no tenía color.

El hombre quedó maravillado. Imaginaba cortar todas esas piedras en pequeños pedacitos para crear joyas tan variadas. Imaginaba pulseras, dijes, cadenas, anillos, en fin. Se imaginaba más rico. Sin dudarlo más el hombre preguntó lo precios.

El viejecillo sonrío…

-“La joya verde es una esmeralda. Es la más grande que existe. Su costo es de $15,000,000”. Exclamó el joyero.

-“La joya roja es un zafiro. Esta piedra me llegó desde tierras lejanas del sur. Su costo de $35,000,000”. Prosiguió el viejecillo.

-“Y la joya blanca… no tiene precio!”.

El comerciante se quedó atónito… “No tiene precio?”. Pensó el comerciante.

El viejecillo esperó la expresión para proseguir…

“Esta joya es invaluable… No existe dinero suficiente para poderla comprar”. – El hombrecillo concluyó.

Después de escuchar los precios, el comerciante comenzó a elucubrar la manera de poder pagar semejantes cantidades. La riqueza del comerciante ascendía a casi $200,000,000. Podía comprar sin problema las tres joyas. Después de pensarlo mucho… decidió hacer las ofertas…

“Muy bien joyero, considerando los precios te puedo hacer la siguiente oferta. Por la joya verde y la roja me estás pidiendo $50,000,000. Estoy a dispuesto a llevarme las dos joyas en este momento. Estoy dispuesto a ofrecerte $45,000,000 por ambas. ¿Qué opinas?”. Exclamó con astucia el joyero.

El joyero, después de pensarlo… aceptó.

El comerciante estaba sorprendido… “Pero que estúpido!!! Ni siquiera es capaz de negociar!!! Esto va a ser mucho más fácil de lo que esperaba”. Pensó.

“Muy bien. Y digamos te doy $20,000,000 con la joya blanca?”. Volvió a preguntar el comerciante.

El joyero sólo movio la cabeza. “Le dije que la joya blanca no tiene precio. Ya hicimos un trato y creo que ha quedado cerrado. Usted se lleva sus joyas y usted me da el dinero acordado.” Dijo el joyero.

El comerciante con mirada astuta se atrevió a continuar. “Mi señor, no hay nada en este mundo que no tenga precio. He viajado alrededor del mundo. He conocido tanta gente, y hasta la gente tiene su precio!! No ha habido nada que no haya podido comprar!!!”. El comerciante sonrió.

El joyero sólo se limitó a decir. “Creo que esta experiencia le servirá. Por primera vez en su vida, está viendo algo que no puede comprar ni con todo su dinero”. El joyero concluyó.

La avaricia del joyero así como su orgullo no le permitían dar marcha atrás… “ Veo que usted es un verdadero hombre de negocios… Muy bien, digamos le ofrezco $80,000,000 por la joya blanca… y además me llevo las otras dos por $40,000,000. Le aconsejo tome esta oferta, ya que es la última que le puedo hacer”. El comerciante exclamó con prepotencia.

El joyero sólo volvió a negar con la cabeza.

“Qué???!!! No es posible!!! Vea en que condiciones vive usted. Es usted se ve pobre, y se ve a leguas, que por su misma condición, es infeliz.”. El comerciante continuó. “Imaginese con tal cantidad de dinero. Usted viviría en la plenitud de su vejez. Podría viajar, conocer, ser un hombre de mundo como yo. ¿Qué opina?”. Exclamó el comerciante.

El joyero, sólo volvió a negar con la cabeza. “¿Quién le dice que no soy felíz?”. El joyero preguntó.

El comerciante estaba furioso. Había hecho uso de sus mejores tretas y “frases” para convencerlo. Sin embargo, el comerciante no estaba dispuesto a demitir. Así que el comerciante dio su última oferta… “De acuerdo, ya no deseo la joya verde y la roja… Le ofrezco toda mi fortuna $200,000,000 por su joya blanca…”.

El joyero, volvió a sonreír… “Lo siento, le dije que esa joya no está en venta… Puede llevarse la joya verde y la roja, pero la blanca no”.

La charla se complicaba, mientras que alguien tocó a la puerta… El joyero, en ademán de disculpa, se retiro del cuarto para atender la puerta. El comerciante estaba fúrico. No podía creer lo que estaba pasando. Furioso y ciego de avaricia, sacó un papel, una pluma y comenzó a escribir. En la carta, el comerciante cedía todos los derechos al joyero sobre sus propiedades, dinero, en fin todo lo que el comerciante tenía… Si el comerciante estaba en lo correcto, la Joya era tan invaluable que recuperaría su dinero en poco tiempo. Al finalizar, la firma del documento, dejó los $200,000,000 y la carta junto a la cajita de madera sin la joya blanca. El comerciante se retiró por la puerta de atrás…

El comerciante muy contento llegó al poblado más próximo. En actitud prepotente fue hasta una joyería. Estaba seguro que con la joya, podría ofrecerle una infinita gama de posibilidades al joyero, quien parecía tener muchisisimo dinero. Al llegar al local, el comerciante en tomo afable y tranquilose limito a mostrar la piedra de inmediato.

“Buenas Tardes amable señor… Vengo a ofrecerle un negocio que hará que se retire joven y además rico. Le vengo a traer el negocio de su vida. Una piedra exquisita traída de las mismas Indias. De las minas del legendario rey Salomón, de la tumba de los faraones, de…”

El joyero, sorprendido interrumpió y pidió la piedra por un momento…

El comerciante continuó… “De la tumba del mismo Julio César, del templo de Zeús, de los jardines colgantes de Babi…”

El joyero, incrédulo interrumpió… .-“Del fondo de una botella…!”.

El comerciante se quedó atónito. “Perdón?”. Preguntó.

El joyero sonrió con sarcasmo… “Si mi Señor… Del fondo de una botella. Esto no es más que una cuenta de vidrio…”.- Concluyó con Ironía.

El comerciante sólo pudo tragar saliva. Había sido estafado… No lo podía creer. Había dado todo su dinero, todo lo que había conseguido con el sudor del de enfrente… no de su frente, ya que era muy pillo. Y ahora era más pobre que el mendigo que hacía algunos momentos fuera de la joyería, le había pedido unos mendrugos de pan.

Pero… aquel hombre le había dicho que la piedra era invaluable… que no tenía valor… Debía ser un diamante o una joya exótica… Debía ser algo tan maravilloso como para no tener un precio. Todo esto se cuestionó el comerciante mientras era llevado a la corte por estafa, y muy seguramente a prisión.

De vuelta en el pueblo, el viejecillo pudo reclamar el dinero. Con él, remodeló muy sencillamente su casita. Había goteras, y a veces el viento helado de invierno se filtraba por entre las grietas de las viejas tablas de madera. También y ocasionalemente, organizaba fiestas para el pueblo en señal de gratitud por la ayuda incondicional que durante sus tiempos dificiles había vivido. Las propiedades las vendió y ese dinero, una puerta la donó. El resto lo llevó a las minas para pedir algo sumamente especial.

De las minas, pidió una hermosa tabla de mármol que el mismo dió forma, al mismo tiempo que incrustaba pequeñas piedritas de de amatista y topacio. Cernidas alrededor de dos bellas gemas, un zafiro y una esmeralda… mismas que el comerciante se había negado a comprar. De la lápida, la palabra Lisa brillaba en tonos brillantes y coloridos por las incrustaciones. Era hermoso.

Pidió a algunos mineros y escultores llevarlo hasta la colina, donde una pequeña cruz de madera yacía. Ahí la colocaron. Y ahí el viejito se quedó rezando y platicando… Los mineros y escultores se retiraron dejando absorto al anciano en sus pensamientos.

“Lisa… Mi bella esposa. Sabes que el tiempo para mí ha sido eterno. Aún sigo esperando el momento de estar a tu lado. De poder volverte a abrazar. De sentir tu prescencia en mi cuerpo, así como el día en que nos casamos. Aún lo recuerdo. Eramos tan pobres, pero aún así cuanto deseaba que tuvieras la más hermosa joya del mundo colgada de tu pecho. Una joya que pudiera mostrar la belleza que emanaba tu ser… Así que esa noche, mientras cenabamos, rompiste aquella botella de vino que corto ligeramente tu mano, dandole un todo rojizo al cristal. Ahí ví plasmada tu figura. Un hermosa joya con sangre viva y que daba tanta vida a todo el que la admiraba. Mientras dormías, tomé aquel trozo de la botella y con especial cuidado, la tallé, la fundí, la esmerilé y cree lo que se convirtiría en mi don especial, secreto, el de poder dar vida a una piedra. Que lástima que ya nunca despertaste para verlo…

Durante todo este tiempo, me dediqué a guardar y a trabajar cada una de las piedras que puedes ver. Cada una representa cada instante, cada momento que viví a tu lado y que no tiene precio para mi. Un brillante y hermoso momento que sirvió de mi guía a mi inspiración. La joya más valiosa que sólo Dios pudo haber labrado fuiste tu. Te amo”

domingo, 6 de diciembre de 2009

Tiempo para progresar.

Hola a todos,

Pues, se pudo subir todo el diseño de la página web de mi nuevo libro con éxito. Lo pueden visitar en http://www.extintum.com Cualquier comentario es bien recibido en los blogs de confianza:

http://darkpollo.blogspot.com
http://extinutm.blogspot.com

Gracias por su apoyo. Ya casi lo terminamos...

P.D. Por ahí, y si tienen tiempo, echenle un ojo al nuevo proyecto, Las crónicas de Cassandra. Todavia es un título tentativo... Aún está en el tintero.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Carta a mi criatura...

México, Distrito Federal a 5 de Diciembre del 2009

Hola,

Hacía mucho que no me dirigía a alguien por medio de una carta. Y es que los medios electrónicos han menguado mucho la capacidad que tiene alguien para expresarse. Ahora, nos escondemos tras máscaras o pseudónimos de gente que aspiramos ser, pero no somos ni la mitad de eso.

Anoche quería contarte tantas cosas. Decirte lo que te espera. Las nuevas experiencias que vivirás y que tanto cambiará tu vida. Anoche, te vi diferente. Ya eras otra persona. Alguien que quería comerse el mundo a pedazos y que podía hacer todo por su propia cuenta. En ese momento, me di cuenta de que estabas listo.

Vi cuando te dormiste. Me deseaste buenas noches, y yo, cariñosamente te arropé y me acosté a tu lado para velar tu sueño. Sólo pasaron algunos minutos para que te quedaras dormido. Luego, te despertaste. Me preguntaste si seguiría a tu lado al amanecer. Yo... No supe que contestar. Me quedé impávida, sin poder responderte. ¿Era justo mentirte? ¿Decirte que ya no estaría ahí para cuando abrieras los ojos? Pero, imaginaba el daño que te haría, si al despertar, estuviera yo ahí.

Hay muchas cosas que quiero contarte, y creo que es el momento adecuado para hacerlo. Creo también, que una carta es la mejor manera de explicarte todo y de decir adiós.

Has cambiado. Cuando te conocí no eras más que un niño. Gustabas de divertirte y estar siempre con tus amigos. No te importaba el futuro ni mucho menos, lo que harías con tu vida. Sólo querías vivir el presente. El ahora. El mañana, podía irse a la basura. Me entristeció mucho esa actitud. Sabía que no estabas listo, pero cuando tu madre murió, vi un cambio radical en tu persona. Fuiste capaz de cimentar las bases de tu presente y ver tu futuro más claro. Comenzaste a hacer cosas que nunca me hubiera imaginado que fueras capaz. Y ayudaste a muchos otros cuando más te necesitaban. Eso, merecía una recompensa. Alguien tan valioso como tú tenía un don. Un don que debía perdurar para toda la eternidad. Y este, es mi regalo.

Cierra las ventanas, pues el sol puede matarte. Te sentirás cansado, pero es normal ya que nosotros dormimos durante el día. En el refrigerador, hay suficiente alimento para una semana. No la bebas toda, pues no sabes cuando podrás salir a cazar de nueva cuenta. La sed es insoportable al principio, pero estoy segura de que sabrás resistir. Tienes una gran fuerza de voluntad. Sólo mata lo que vayas a comer; No, más.

Tendrás que aprender a volar. Aún recuerdo que le temías a las alturas. Bueno, espero que esa fobia la logres superar, porque es uno de los más maravillosos regalos de ser como ahora eres. Evita las balas de plata, el agua bendita y las iglesias. Oh, es cierto. ¡Cómo odiabas ir a misa los domingos! Bueno, ya no tienes que ir. Ya que es perjudicial para tu salud.

Ahora eres mío. Mi linda criatura. Un ser que hará el bien y que prevalecerá para toda la eternidad. Espero, algún día podamos encontrarnos nuevamente en esta vida o en mucho tiempo más.

Con Cariño,

Lucy.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Crónica de una muerte anunciada...

"¡Hola! ¡Qué obscuro está todo por aquí! Y se oye eco..." "mmmm... parece que nadie me escucha"

"¡Hola mundo!" "¿Dónde estaré? Estoy tratando de recordar, pero no tengo ni idea..." "Bueno, la última vez, iba yo conduciendo. Si, estaba furioso. Alguien tiró café en mi camisa, y tuve que regresar a casa. Bueno, creo que me lo merecía... ¿Fue aquella rubia despampanante que es la secretaria de mi jefe? ¡Uy sí! ¡Le dije que si la podía invitar a cenar, y en un ademán de burla me tiro el café encima"

"Bueno, pensándolo bien. Le dije que tenía una piernas preciosas... Y por eso me tiró el café"

"Sí, eso pasó... ¡ja! ¿quién lo iba a decir? Esa mujer se acuesta con todos en la oficina y yo por darle un cumplido se indignó... No cabe duda que la moral de la gente actua de formas extravagantes..."

"Muy bien... Entonces, volviendo a donde estaba... Iba furioso, conduciendo a exceso de velocidad. Sin molestar a nadie por supuesto. Cuando aquella camioneta se atravesó en mi camino y me impacté en la parte trasera... ¿A cuanto iba... A cuanto iba? Creo que eran como 200KM/h. Esos malditos frenos no funcionaron... Y justo hacía una semana que los cambié. Malditos de la agencia, me cobraron cinco mil pesos y fallaron. ¡Pero me van a oír esos cabrones! ¡Si, me van a oir! ¡Les voy a meter una demanda marca diablo de la que se van acordar para toda su infeliz vida!

¡mmmmm....pensandolo bien, creo yo fui el que me cambié de carril y me fui a estampar contra el muro de contención... ¡ja! ¡Qué distraido ando hoy! No me acuerdo ni de lo que hice hoy... ¿O habrá sido ayer? ¿Será de noche? ¡oh, sí. Ya me acordé, fueron los de la agencia los que me recomendaron cambiar los frenos y no lo hice! ¡jajajajaja! ¡Vaya pendejez de mi parte! Por ahorrarme unos cuantos pesos; Pero no manches eran cinco mil pesos. ¡Una lana!

¿Después qué pasó? ¡Oh si! el ajustador me dijo que había sido perdida total. Que ya no había remedio y que lo mejor era llevárselo porque no había nada que hacer. ¡Ja! yo fregando por cinco mil pesos, y que pierdo todo el pinche auto... ¿O acaso perdí más?

¡Estoy tratando de acordarme! ¡Me lleva la fregada! ¡Oh por Dios! ¡No era el ajustador! ¡Era el triste paramédico! ¡Hablando de mi! ¡Qué ya no había remedio! El auto quedó en el muro de contención... Y yo... Y yo... en la otra banqueta... salí expulsado veinte metros del parabrisas... Por eso, era mejor llevárselo... ¿A quién? ¿A mi? ¿A donde? ¿A la SEMEFO? ¡Pero si yo oía todo! ¿Cómo chingados iba a estar muerto?

Luego...me trasladaron...El perito dijo... ¡Que dijo ese cabrón! ¡Maldita memoria la mia! Dijo...dijo... ¡Diablos, ah sí! ¡Este güey ya se peló! ¡Eso dijo! ¡Si me acordé! ¡jajajajaja! Bueno... Calma y relajación Camilo... Calma y relajación... Sigues en la SEMEFO, sólo toca la puerta y alguien te va abrir... Así de simple... Y volverás a tu vida de siempre. Todo mundo sabe que sufres de Catalepsia... Por eso... Por eso traes el brazalete... ¡En la madre! ¿Dónde está el brazalete? ¡No me lo puse hoy! ¡Cómo me pude olvidar de eso! ¡Oh, sí! ¡Se lo aventé a la rubia cuando me echó el café encima! Mi jefe lo vio y me corrió... Yo...Salí echo la mocha... Y me fui a estampar al muro...

¡Auxilio! ¡Ayuda! ¡No estoy muerto! ¡Alguien que me ayude! ¡Me falta el aire! ¡Madre mia! ¡Madre de Dios! ¡Virgencita! ¡Estos pendejos ya me enterraron! ¡Pensaron que estaba muerto! ¡Qué hago! ¡¡Auxilio!! ¡¡Ayuda!! ¡Ya casi no hay aire! ¡Ya casi no hay aire! Ya... Ca...si... no... hay...

jueves, 26 de noviembre de 2009

Una increíble experiencia...

Con mucho júbilo, me permito comentarles que el día de ayer, asistí a la presentación del libro de mi querida amiga, Miranda Hooker y con mucho beneplácito me permito escribir a continuación, el discurso que tuve la fortuna de presedir.

…Dicen los Budistas que vivamos el ahora. Sin tapujos, sin falsos rencores de una vida vacía y mundana que nosotros mismos nos creamos. Pero creemos que somos niños, que aún Vamos al circo a olvidar nuestras preocupaciones. O que nos podemos embeber en un Baño Turco donde alguien puede relajar su autoestima y dejarla por largo rato e incluso, olvidarla.

Miranda Hooker se mira al espejo. Se analiza, se describe, se escribe y se reescribe hasta compaginar con su lector. No es un simple Oficio de Otoño, no es andar De Antojo por un instante. Es una crítica seria a la realidad de una madre-esposa-mujer que nos regaló una Venus a fin de siglo, pero que después de un año, calló para no volver jamás. ¿Extrañamos su voz en la radio? Si, pero ahora ha vuelto, más carne, más hueso, con mucho más de lo que tiene dentro.

Leerla, paladea nuestros sentidos. Es capaz de crear un Estado de Sitio de nuestro Yo, para despertar al “Otro” Si, ese que no solemos molestar por temor a no ser aceptados. Tenemos temor a crear Policromías Anarquistas que puedan hacer la diferencia y resaltar nuestra existencia frente a los demás. Aquello que ella despierta en cada uno de nosotros.

En sus relatos nos transporta a recónditos y misteriosos lugares como una Oficina del Registro Público de la Propiedad o trasladarnos al enigmático Zoológico de Londres. Siempre con una magistral forma de hacer lo ordinario como algo sublime y extraordinario. Y me pregunto ¿Quién no querría tomar un café como ella lo hace? ¿O contemplar las hojas de otoño caer? ¿Quién no querría haberse subido a un tobogán con sandalias en las manos, para tirarlas a donde fueran a dar? ¿A quién no le gustaría oír su aventura de cada día como la más inédita experiencia de toda su vida?

Dicen que el hábito no hace a la monja, y ella, lo confirma. Y gracias a estos Contrastes, es que tenemos este libro entre nosotros. Donde, las Lecciones de Domingo se dan todos los días y la Pugna entre pedir o no consejo para claudicar o seguir adelante, jamás pudo romper el hechizo. Esperamos poder seguir disfrutando de muchas más Apologías en Día de Muertos, vibrar con los graciosos sketches de la Sra. Bean, o aprender más técnicas didácticas para el uso de la canción de las “mañanitas”.

Ahora, todos reunidos agradecemos con júbilo que jamás se haya rendido, que en los momentos más difíciles, cuando creía gritarle a la nada, había lectores ávidos de relatos reflexivos y amenos. Y sobre todo, agradecemos que haya podido regalar a sus afables lectores una parte de ella, que vivirá y trascenderá hasta el final de los tiempos.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Hacia la eternidad... >.>!

Con gran beneplácito me permito anunciar que mi querida amiga, Miranda Hooker hará la presentación de su libro: "La bitácora de Miranda Hooker" la semana entrante.

Amiga,

Sé que es el resultado de mucha dedicación y esfuerzo. Cada letra, cada palabra, cada linea, cada idea se lleva consigo, una parte importante de tu ser. Enhorabuena, y ahí estaremos para dar "pa' delante" como dicen en mi pueblo...

DarkPollo.

viernes, 28 de agosto de 2009

¿Lo mejor de una vida?

¿Vivir es la razon para morir? O realmente morir es la razon por la que vivimos. ¿Qué es más importante? ¿Es verdad que al morir, nos espera una mejor vida? ¿Por qué esmerarnos en esta, Si de cualquier forma la "buena" es la que sigue? Y si la vida despues de la muerte es la que liberara nuestra alma de su carcel que es nuestro cuerpo, ¿por qué no querer ambicionar ese estado? ¿Hay acaso una fuerza invisible que nos mantiene unidos a esta prision de carnes y huesos? He aqui una historia de estos cuestionamientos.



¿Lo mejor de una vida?



Por Mario Alberto Martinez Yanez.



El reloj de pared daba las diez de la noche, ante la mirada sombría y frustrada de un hombre que maldecía constantemente al tiempo. El silencio de aquel piso de oficinas ocasionalmente era acallado por un distante rugido de motores que deslizaban fantasmagóricamente en los cubículos, devorando las partículas de polvo que se habían quedado en la alfombra. Mientras las aspiradoras hacían su labor, el hombre revisaba apresuradamente estados de resultados y cuentas de balance general que, aunque correctos desde hacia varias horas, el hombre no claudicaba en seguir validando hasta encontrarles algún tipo de error. Su escritorio era un campo de batalla. Cadáveres de papel por doquier, seguido de marchas fúnebres de clips, lápices sin punta e infinidad de gomas a medio término que habían cedido ante la neurótica fricción de desaparecer cualquier signo de error o manchón en sus entregables. Infinidad de cajas de cartón se encontraban apiladas en su lugar. También sus pertenencias, axial como algunas fotografías, estaban guardadas en una caja de color rojo, con su direccion. Se llevo por vigésima vez las manos al rostro.

- Con una fregada. ¡Esto no está bien! Exclamaba en tono eufórico y aspecto psicótico. - No me importa si debo estar toda la noche. Debo entregar esto mañana temprano.

Cinco horas más pasaron. El hombre decidió levantarse para despabilarse. El reloj anunciaba ahora las tres de la mañana. El individuo en cuestión decidió caminar por el pasillo principal de la oficina hacia una pequeña cocineta que se ubicaba en el ala este del complejo. Solo algunas luces permanecían encendidas. El ambiente a media luz parecía tranquilizar la compulsión de aquel pobre. Seguramente también el cansancio había tomado parte en elucubrar un plan para llevar a la conciencia a la cama. El hombre salio de la cocineta con una taza de café frío, misma que deposito en escritorio. Volteo hacia ambos lados del piso, sin haber indicios de vida o actividad. El personal de intendencia había dejado el lugar hacia ya varias horas. El hombre bebió su café mientras contemplaba el horrendo plafón del techo. Un sinnúmero de cifras comenzaron a mancharse en el plafón atemorizando al hombre. Una tenia cuatro cifras, y era la colegiatura vencida de la escuela de su único hijo. Otra mancha mas se asomaba para mostrar sus grotescos cinco ceros que representaban la deuda del automovil. Pero lo que mas le infarto, fue sin duda la bestia de seis seis seis cifras que era la hipoteca de su casa. No había escapatoria, aquellas monstruosidades se abalanzarían sobre su chequera para beber hasta la última gota de liquidez que el pobre hombre pudiera tener. Cerró los ojos, y apretando fuertemente los dientes, enderezo bruscamente el respaldo de su silla para volver al trabajo. Ya había pasado una hora mas y el tiempo, implacable, se negaba a detenerse para, burlonamente, acabar lentamente con las posibles horas de descanso que tenia aun. Finalmente, decidió retirarse. Tomo su saco del perchero para ponérselo. De ahí, se dirigió al lobby de la oficina en dirección a los elevadores. En la recepción, un curioso espécimen en uniforme veía ávidamente la television. El hombre lo miro con despecho. Sin descuidar su educación, el hombre se adelanto a decir.

- Buenas noches. El guardia de seguridad ni se inmuto. No hubo respuesta de su lado. En su lugar, un fuerte eructo fue exhalado, proveniente de una generosa cena provista por la dona del susodicho.- ¡Pero recursos humanos me va a oír! Exclamo. - ¡¿Como pueden contratar gente así?!

Las puertas del elevador se abrieron. El hombre ingreso, mientras veía que el policía finalmente se había levantado de su asiento, mirándolo.

- ¡Estúpido gordo! Pero me van a oír mañana. Rezongaba mientras el elevador descendía.

El hombre salio del edificio y caminó hasta su casa. De sus pocas fortunas, era la de vivir cerca del trabajo. Habian transcurrido cerca de cinco minutos, desde que el hombre había salido de su oficina. Esta cansado, y se sentía sumamente pesado. Tal y como si le hubieran puesto inmensas cadenas en su cuerpo. Lo que realmente lo motivaba era llegar a su casa con su esposa y su hijo. Finalmente se detuvo frente al portón de una linda casa clásica de tres pisos. Esquinada entre una calle de poco transito y un parque, la casa era el refugio perfecto para alejarse del ruido de la gran ciudad. El hombre inserto la llave en la cerradura, pero estaba se negaba a ceder.

- ¡Maldita sea! ¡No otra vez! Apenas ayer, el hombre había tenido el mismo problema con la chapa. - Pensé que Brenda lo había arreglado.

Sin decir mas, se dirigió a la puerta trasera, que siempre dejaban abierta, e ingreso a su casa. La puerta trasera daba a la cocina. Lindos azulejos de color café claro amenizaban y entonaban con unos muy finos muebles de madera de pino y con cubierta de mármol blanco. Al centro, una pequeña mesa que fungía como ante comedor en la que cabían cuatro personas. El hombre se quito los zapatos a la entrada para no hacer más ruido. Sigilosamente, camino hacia la planta alta por las escaleras de madera que unían a la sala de estar con el comedor. Subio para dirigirse a su recamara. Pero algo lo detuvo. Una sensación extraña. Decidió ir al cuarto de su hijo para ver como se encontraba. La habitación del niño esta a unos cuantos metros en dirección opuesta hacia donde se encontraba su recamara. Entró con mucho cuidado para no despertar a su hijo. Tan solo quería verlo. Tenía tantas ganas de hacerlo. Cual fue su sorpresa que al entrar, su hijo se encontraba despierto. Estaba algo asustado y nervioso.

- ¿Todo bien? Pregunto en tono afable el papa.

- si, todo bien papa. Comentó el niño, pasando saliva.

- ¿Qué haces despierto? Pregunto dubitativamente el hombre.

- Esperándote. Contesto. - Ayer viniste también más o menos como a esta hora para verme.
- Si, me acuerdo. Pero ayer si estabas dormido y te desperté. Me acuerdo que te asustaste mucho.

- Si. Pero hoy estoy mejor. Me gusta platicar contigo. Comento el chico. El hombre se alegro por el comentario.

- Hijo. ¿Te gusta tu escuela?

- Si, claro Papá, ¿por qué?

- mira, lo he estado pensando. Y con el gasto de la casa más el del coche, no estoy seguro de que pueda seguir pagando tu escuela.

El niño miraba atento a su Papá.- Pa, pero por eso no te preocupes. Mama dice que eso ya no es un problema.

El hombre se sobresalto de repente. ¿Como podía estar segura su esposa de que ya no era un problema? Desde luego, su esposa trabajaba, pero eso no era suficiente.

- Mira hijo, si mama te lo dijo, imagino que fue para tranquilizarte. Pero se que ya eres grande y tienes la suficiente madurez para entenderlo.

- Si Papá. Ya tengo seis.

El hombre se volvió a contrariar. - Dirás cinco. Corrigió.

- No Papa, tengo seis.

El hombre comenzó a preocuparse severamente. Acaso el estrés lo estaba haciendo olvidar cosas. En eso se encontraba cuando fue abruptamente interrumpido por el chico.

- ¿Vendrás mañana a verme?

- Pues claro soy tu Padre. ¿Por qué no habría de hacerlo?

- Pues, imagino que por tu situación debe ser difícil.

El hombre se alarmo.- ¿Cuál situación?

- Papá... Se adelantó el niño. - Nos dejaste hace un año.

El hombre trataba de entender.

- Mama dijo que te habías ido al cielo, pero estaba seguro de que volverías algún día. Yo le dije que te había visto ayer y que habíamos platicado, pero no me creyo. Un aire frío fue resentido por el hombre. Le temblaba todo el cuerpo. Estaba muerto, pero no lo sabia, hasta ahora. Su espíritu había vagado todo este tiempo.

Su cuerpo le había dictado que hacer todo este tiempo. Trabajar y trabajar. ¿Había sido capaz su espíritu de sucumbir ante los deseos mortales de sus hábitos? Todo tenia sentido finalmente. Las cajas de cartón en su lugar, el policía que no le había contestado cuando se despedía. La sensación de cadenas. La cerradura de la puerta, su hijo atemorizado. Pero sin duda, el terror se había convertido en una profunda tristeza de no saber como seria ahora que no podría estar con su esposa e hijo. ¿Que iba a ser de ellos?

- Papá. Interrumpió su pequeño. Mama dice que no te preocupes. Vamos a estar bien. De verdad. Ve a descansar.
- El hombre comprendió finalmente. No importaba si realmente estuviera vivo o muerto. Si cuando estuvo vivo, vivió muerto. ¿Cómo podría esperar estar muerto, y ahora vivo? Aquel hombre había fallecido hacía muchos años y ni siquera se había dado cuenta. Justo ahora, que ya no respiraba más, entendendía que la vida nunca había sido eso.
Espero, muchos otros no crean que vivan, cuando en realidad, están muertos desde hace mucho tiempo.

jueves, 20 de agosto de 2009

Enamorarme más.

Por Mario Alberto Martínez Yáñez.

Emociones vanas,
Llanas, simples y planas.
Emociones insanas
Que con las tuyas magistralmente matas.

Ya no deseo tener hambre
Ya no deseo sentir frio
Ya no quiero sentir este hastio
Mientras no se trate del apetito
Y el inmenso escalofrio
Que siento cuando te miro

No deseo deprimirme mas
Mientras no sea para extrañarte,
Para poder llorarte,
O para morir de tristeza si te vas.

Ya no busco alegrarme
Por sencillos sucesos,
Hechos o acontecimientos;
Sino por la inmensa felicidad
De que estaras conmigo en cualquier lugar.

Ya no busco enamorarme mas
Porque para darte lo que tu me das
Necesitaria amarte
Para toda la eternidad.

viernes, 10 de julio de 2009

Una mala racha...

La fría habitación de la casa se mantenía en las mismas condiciones, tal y como ella lo había dejado. En el piso, el hombre se mantenía inherte y con los ojos cerrados. El silencio imperaba en ese mismo instante en el que todo debía mantenerse de forma contraria.

El timbre de la puerta hizo una breve pausa al silencio inaudito para hacerse saber que alguien estaba afuera esperando ser atendido. El hombre continuaba acostado, sin moverse. El timbre fue reemplazado por toques directos y firmes a la puerta metálica que antecedia al patio central de la casa ubicada en Reforma #345.

Fuertes golpes interrumpieron la paz morturia del lugar, ahora para cederle paso a la Polícia Judicial quien había ingresado a la casa por la fuerza. El fuerte rechinido de la segunda puerta metálica, oxidada, carcomida por el tiempo y las inclemencias del clima que no habían perdonado.
Los hombres ingresaron a la sala. Un fuetre hedor a muerto se percibia en el ambiente. Uno de ellos tuvo que salir subitamente para liberar la recién ingerida "guajolota" de Doña Choñita, y acompañada por un sabroso atole de nuez.

El hombre que permanecía en la casa, avanzó cuidadosamente por la planta baja hacia la cocina. El cochambre de los muros de azulejo contrastaba con el claro marfil de los mismos. Sin duda, se tendrían que tirar los muros si alguien tuviera intenciones de cocinar nuevamente. El sujeto paso uno de sus dedos con guantes de látex sobre la superficie de la cocina. Algo que definitivamente no era cochambre, estaba regado por el piso y el fregadero. Algo hediondo que le traía recuerdos al hombre de cuando había vivido de niño cerca del metro ferrería. El olor del matadero, la sangre y las viceras que en época de calor expedía el más desagradable olor que jamás el pudiera concebir.

Finalmente, el otro hombre ingresó a la casa con un trapo humedo en el rostro. Jadeaba y sentía un inmenso vacío en su estómago. Volvía a tener hambre.

- ¡Jímenez! exclamó el hambriento. - De aquí a las gorditas de la nueve ¿no?.

Su compañero seguía examinando el lugar. Ahora, revisaba un cuchillo de cocina con costras de sangre. O al menos eso parecía.

A pesar del escándalo, el hombre de la planta alta de la casa, seguía en la fría habitación, tal y como ella lo había dejado. Cualquiera en su sano juicio hubiera bajado para ver de que trataba todo esto. En cambio el hombre seguía en el piso, con los ojos cerrados.

Los dos hombres salieron de la cocina, siguiendo las manchas de sangre que se extendían y dejaban rastros en dirección a la planta alta.

- Jímenez. Volvió a interrumpir el compa. - Si quieres, te espero afuera güey. La neta que tengo un chingo de hambre. Chillaba el judicial.

El otro se detuvo antes de subir las escaleras. - ¡Callate cabrón! Espera nomás tantito. ¿Qué no le puedes decir a tu estúpida panza que se aguante?

- ¡Carajo! ¿Qué no viste que saqué todo el desayuno? Este lugar huele a muerto. A todo esto, ¿Cómo dimos aquí?

- Alguien hizo una llamada anónima. Dijeron que la cuadra apestaba espantoso. Como algo que se estaba pudriendo.

- ¡Chinga! Grito el hombre. - ¿Y desde cuando los vecinos saben de homicidios? ¿Qué tal si es un pinche perro muerto? ¿Por qué no llamaron a los bomberos?

- Porque lo bomberos no vienen a hacer este tipo de trabajos. Contestó el sujeto, examinando algunas manchas de sangre en el cubo de luz de las escaleras.

- Desde aquí, tomaron a la víctima. La arrastraron desde la cocina. Parece que aún estaba viva y como aún oponía resistencia, la golpearon varias veces contra los muros de la escalera. Aquí, en este descanso, fue que depositaron el cuerpo. Aquí está la mancha más grande. Se adelantó Jimenez.

El compañero parecía algo inquietito. - No manches, güey como alguien pudo levantar a un ser humano a esa altura y golpearlo. Pero si ya habían usado el cuchillo, ¿por qué no se esperaron a que se desangrara?

Jimenez estaba agachado examinando otras manchas. Estas eran blancas, tiesas y duras. Tal cual costras de gel o de pasta de dientes en el lavabo. - El cuchillo no fue usado por el victimario. Fue usado por la víctima, para defenderse. Comentó el judi.

- ¡Ah Chinga Chinga! ¡Calmate Miami Vice! ¿A poco tan chingón? gritaba el compañero de Jimenez con cierta risilla nerviosa.

Jimenez siguió subiendo las escaleras, mientras sacaba su arma. El compa comenzó a asustarse en verdad. Sentía como su vejiga le hacia malas jugadas. Ante la conmoción, optó por hacer lo mismo, sacando su calibre cuarenta y cinco.

La planta alta olía aún peor. El compa de Jimenez, babeaba el trapo que traía debido a que ya estaba totalmente seco. De una de las bolsas de la chamarra, sacó una pequeña anforita con aguardiente, con la que remojo el trapo.

- Espero hulea tan rico como sabe. Exclamaba en sus adentros.

Los dos hombres entraron a una de las habitaciones. Parecía ser la recámara principal. Las manchas de sangre terminaban en el muro de enfrente. Ahí estaba la mancha más grande.

- Mira, después de que la arrastraron, la remataron dandole un madrazo en la pared. Seguramente con esto, le rompieron las vertebras y el cuello. Parece que fueron varias veces.

El compa comenzaba a jadear todavía más, mientras se daba sus "toques" con la aguardiente. No emitió comentarios de sólo imaginarse la escena.

Jimenez se acerco a la cama. Una fotografía algo vieja de una joven pareja durante su boda. El cristal del protaretrato estaba hecho pedazos. Al lado de este, algunos papeles y un acta de divorcio. Jimenez se agachó por debajo de la cama. Varias botellas de vodka estaban regadas. Algunas parcialmente llenas, otra vacias.

Jimenez tomó los papeles con cuidado y revisó cada uno de ellos. - Marcos Sanchéz. Comentó. - La Sra. Guadalupe Narvaez.

Finalmente, el compa se atrevío a afirmar. - ¿Crimen pasional? cuestionó.

- Posiblemente. o suicidio. Exclamó Jimenez. - Ven, vamos a la otra habitación.

Estaban por salir cuando algo estremeció a Jimenez. El hombre dio vuelta y volvió al cuarto. Trozos de carne estaban acumulados en una esquina, junto al closet. El hedor era demasiado fuerte para acercarse más. El estado de putrefacción era considerable y aquel montículo de viceras se encontraba ya con larvas de moscas y otros insectos rastreros, como cucarachas.

El hombre seguía tendido en la habitación contigua. Sin moverse y con los ojos cerrados. Parecía estar esperando a ser descubierto. Ella aún no regresaba, pero no tardaría en hacerlo. Más o menos a esa hora volvía para estar con él.

Los hombres salieron verdaderamente asqueados de la habitación. Descansaron un momento en el descanso de las escaleras, mientras se reponían del olor. El compa jadeaba del espanto y se sentía apunto del desmayo. La panzota del hombre, producto de las chelas domingueras y las guajolotas semanales, no estaba contribuyendo en nada a mantenerlo en pie. El hombre se veía aún todavia más prieto de lo que era... Incluso, podía verse hasta morado.

- Jimenez. Vamos a pedir refuerzos Güey. Esto no me está gustando nada. Parece película de terror. No manches, ya me dio frío.

Jimenez también comenzaban a temblarle las piernas. Esperaba con ansia que aquello que imaginaba, fuere precisamene eso, un objeto de su imaginación.

Pasearon por los otros cuartos, sin encontrar nada irregular o extraño. Todo se encontraba polvoso, pero en total y absoluto orden. No parecía haber indicios de que alguien hubiera estado por aquellas habitaciones en varias semanas. Sólo queda una habitación por revisar.

Finalmente, entraron a la segunda y última recámara de la planta alta. El apestoso olor a carne podrida y en estado de descomposición provenía de ahí. El constante zumbido de moscas y otros insectos hacia eco en aquel lugar.

Jimenez entró apuntando el arma hacia lo que parecia ser un cadaver, seguido muy de lejos, por su compa. El homre también traía el arma desenfundada.

Aquel hombre, si se le podía llamar a lo que quedaba de él, estaba tendido en el piso, inherte y con los ojos cerrados. Tal y como ella lo había dejado. Las piernas habían desaparecido y aparentemente habían sido arrancadas del cadáver. Algunos trozos y huesos estaban desperdigados por todo el piso.

El panorama era sumamente desagradable y vomitivo. Jimenez comenzó a examinar el lugar. El compa permanecía como en estado de aletargamiento, sin poderse mover ni un ápice. En eso estaban, cuando ella estaba regresando por lo que dejó...

Entró por la puerta principal como solía hacerlo, en dirección a la planta alta. Ella se detuvo por un momento, percibiendo que había alguien más arriba. Sin perder el tiempo, buscó una ruta alterna.

Los hombres no se percataron de su presencia. Ella trepó por la pared del cuarto sin hacer más ruido, hasta llegar al techo. Ella era rápida, pero imperceptible. Por varios minutos, se mantuvo en el techo, observando a los dos hombres que trataban de entender que es lo que había pasado en aquel cuarto, y en la casa en general.

- Bueno. ¿Cuál es su teoría mi compa? Preguntó Jimenez al gordito.

- Pos... pos... Yo creo que este güey se puso hasta las chanclas por el divorcio de su esposa. Ella entró, y lo mató con el cuchillo de la cocina. El pobre hombre se arrastró por la casa, hasta llegar a este cuarto. Aquí murió. La mujer se fue de la casa, y el cuerpo se quedó aquí a merced de cuanta alimaña saliera. Hasta que se lo fueron comiendo poco a poco...

Jimenez estaba meditando lo que su obeso amigo le comentaba. De vez en cuando, hacia pasar sus dedos sobre su barbilla en señal de aprobación.

No paso mucho para que el un extraño zumbido se escuchara en la habitación. Era una especie de aleteo, pero extremadamente fuerte. Los dos hombres miraron hacia el techo, mientras que la impresionante criatura bajaba volando para posarse en el cadaver y seguir su ingesta. Una gigantesca cucaracha de color marrón y mandíbulas babeantes estaba enfrente de áquellos hombres, ingiriendo al cadáver de forma repulsiva.

Los hombre no perdieron tiempo y arremetieron a quemarropa a la criatura, quien comenzó a recibir los impactos de bala en todo el cuerpo. Las alas quedaron inmediatamente agujereadas, imposibilitandola a volar. Una de la patas se quebró en el tiroteo y salio volando por la habitación, quedando clavada en la pared por los inmensos y filosos espolones del insecto.

Aquella criatura parecía jadear de dolor a medida que iba recibiendo más y más balazos. Los hombres no mediaron en las balas. Seguían jalando del gatillo de sus cuarenta y cinco semi automáticas. Finalmente, el ser dimitió, cayendo su cuerpo sin patas, y sin signos de vida sobre el cadaver; El plato fuerte del día de hoy.

- ¡No, no frieges Jimenez! ¿Qué le dieron a esta madre para que creciera así? ¡Malditos esteroides!

- ¡Yo creo que fueron las gorditas de la nueve! Exclamó adrenalinico y sumamente exhaltado Jimenez.

- ¡Si, pero esta madre se las comió con todo y delantal. Ya ni la chifla! Resolvió el compa.

- ¿Y qué? ¿Después de esto, tienes hambre? Inquirió Jimenez.

El compa seguía viendo aquel ser inherte, de forma grotesca y asqueado.

- No pus no. Yo creo que a dieta de aquí al domingo. Replicó.

Los dos hombres regresaron a la patrulla para pedir a la SEMEFO por un carro. Sin mencionar palabra, Jimenez condució de regreso al Ministerio Público.

Ideas + Corazón = Obras Literarias

Un rincón para escupir todo lo que la mente trae y que merece ser contado.